| ESCLEROSIS
LATERAL AMIOTRÓFICA (E.L.A.)
La Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) es una enfermedad degenerativa de las células nerviosas del sistema motor (motoneuronas). En la ELA, las motoneuronas que controlan el movimiento de la musculatura voluntaria, dejan gradualmente de funcionas y mueren, provocando debilidad y atrofia muscular. En algunos casos, los pacientes con ELA presentan en conjunción con el trastorno motor, un síndrome de demencia, que aumenta, si cabe, el dramatismo de la enfermedad. En la ELA pueden afectarse tanto las neuronas motoras del cortex cerebral (motoneuronas superiores) como las del tronco cerebral y médula espinal (motoneuronas inferiores). Así, el cuadro clínico incluye debilidad muscular combinada con rigidez, aumento de reflejos y el llamado signo de Babinski debido a la afectación de las motoneuronas superiores, así como atrofia muscular, calambres y contracciones espontáneas de los músculos por afectación de las motoneuronas inferiores. La muerte, en los sujetos que padecen ELA, se produce fundamentalmente por fracaso de los movimientos respiratorios, que trae consigo hipoxia, arritmias cardíacas e infecciones broncopulmonares. La forma hereditaria de la ELA representa un 10-20% de los casos. La ELA familiar puede heredarse de forma dominante o recesiva. El cuadro clínico es similar al de la ELA esporádica no familiar, aunque su edad de inicio es sensiblemente inferior. En el 50% de las familias con ELA dominante, se han demostrado distintas mutaciones del gen de la enzima superóxido dismutasa Zn/Cu (SOD1) que se localiza en el cromosoma 21. La enzima alterada más que carecer de actividad posiblemente tendría una acción tóxica. En algunos casos de ELA esporádica, se ha demostrado también una alteración genética; igualmente se ha identificado el gen cuya alteración puede causar un cuadro de ELA-demencia familiar. La ELA, es una enfermedad tan frecuente como la esclerosis múltiple y más que la distrofia muscular. Afecta principalmente a adultos entre 40 y 70 años, aunque hay numerosos casos descritos en pacientes más jóvenes. No es una enfermedad contagiosa. La proporción entre hombres y mujeres es de aproximadamente 1,3 a favor de los varones. En España entre hombres y mujeres se diagnosticaron casi 900 nuevos casos de ELA (2 a 3 por día) y que el número total de personas que padecen ELA ronda las 4.000, aunque estas cifras pueden variar. El diagnóstico es fundamentalmente clínico, es decir, no existe ninguna prueba específica de laboratorio que proporcione el diagnóstico definitivo. De entre las pruebas a realizar para diagnosticar la ELA, destacan la resonancia magnética nuclear cerebral o espinal, el estudio electromiográfico de la función neuromuscular y una batería de análisis de sangre y de orina específicos. La prueba definitiva de la enfermedad puede tardar varios meses en alcanzarse, aún después de realizar todos los test pertinentes y observar atentamente la evolución de los síntomas. La ELA afecta a las personas de distintas maneras. Algunas comienzan con síntomas de debilidad o dificultad de coordinación en alguna de sus extremidades o con cambios en el habla o en la deglución, mientras que en otras puede debutar con la aparición de movimientos musculares anormales, como espasmos, sacudidas, calambres o debilidad, o una anormal pérdida de la masa muscular o de peso corporal. La progresión de la enfermedad es normalmente irregular, es decir, la enfermedad progresa de modo diferente en cada parte del cuerpo. A veces, la progresión es muy lenta, desarrollándose a lo largo de los años y teniendo periodos de estabilidad con un variables grado de incapacidad. En ningún momento se afectan las facultades intelectuales, ni los órganos de los sentidos (oído, vista, gusto u olfato) ni hay afectación de los esfínteres o de la función sexual. La enfermedad cursa sin dolor, aunque la presencia de calambres y la pérdida de la movilidad y función muscular acarrea ciertas molestias. En cualquier caso, estas molestias suelen desaparecer con la medicación específica y el ejercicio. En algunos casos, aparecen síntomas relacionados con alteraciones de la afectividad (lloros, risas inapropiadas o, en general respuestas emocionales desproporcionadas como reacción a la afectación física). Esto en ningún caso significa que exista un auténtico problema psiquiátrico. Pese a la multitud de estudios anatormopatológicos realizados en pacientes fallecidos de ELA, todavía no se ha podido establecer el lugar primario de la enfermedad y no está claro si se trata de una neuronopatía (alteración del cuerpo de las neuronas motoras) o de una axonopatía (alteración de los nervios; tampoco se ha demostrado un efecto inductor de la degeneración de las motoneuronas superiores sobre las inferiores. Se ha sugerido, al margen de los factores genéticos, que pueda tratarse de una enfermedad autoinmune, es decir, en la que el paciente produce anticuerpos contra sus propias neuronas. Entre un 5-10% de los pacientes presentan títulos elevados de anticuerpos antigangliósido (Igm-antiGM1), antifosfolípido y antiacetilcolinesterasa; merece destacarse el hallazgo, en más de la mitad de los pacientes con ELA, de una IgG que reacciona con proteínas de los canales de calcio de tipo L. La presencia de infiltrados inflamatorios en la medula espinal también apoyaría una hipótesis autoinmune, pese que a los tratamientos inmunosupresores se han mostrado ineficaces en la ELA. El sistema inmunológico mantiene una cierta conexión, a través de las interleuquinas en los pacientes de ELA. Basándose en ello, se han realizado algunos intentos terapéuticos, entre ellos las infusiones de THR (factor liberador de la TSH). También se ha propuesto que la liberación de aminoácidos excitotóxicos, actuando a través de receptores neuronales tipo AMPA, NMDA, cainato, etc provocaría en las motoneuronas una entrada de calcio, y la activación de proteinas G que a su vez producirían variadas alteraciones metabólicas conducentes a la muerte neuronal, Así el glutumato que ha demostrado cierto efecto terapeútico en la ELA. Así, aunque las causas y mecanismos que determinan la aparición y el desarrollo de la ELA están todavía por esclarecer. La utilización de herramientas más sofisticadas para el estudio del funcionamiento del sistema nervioso en el ámbito de la biología molecular, la ingeniería genética y la fisiología hace albergar esperanzas de que en un plazo no muy lejano puedan encontrarse medios para curar o al menos paliar las consecuencias de la enfermedad. |